Header image  

La Web del autoconocimiento.

 
line decor
  
line decor
 
 
 
 

 
 

LA FUENTE DE LAS EMOCIONES

 

¿Qué nos ocurre? ¿Qué le está ocurriendo a la sociedad? ¿Por qué vamos tan perdidos? ¿Por qué parece que nos estamos dirigiendo a la autodestrucción?

El ser humano se encuentra ante un gran reto, un reto muy difícil, que supondrá un cambio total en la sociedad.

Lo que ahora mismo nos ocurre no es nada raro, nada que no se pueda definir, no hay que escribir grandes libros y disertaciones infinitas para explicarlo, es tan sencillo, tan sumamente fácil de entender… que se explica en tres palabras:

Somos analfabetos emocionales.

 

Así de sencillo. No sabemos nada de lo que ocurre en nuestro interior y las emociones se han apoderado de nuestra vida, emociones sin control, sin guía, desesperadas, desbordadas, incomprendidas, ignoradas,…

Eso nos sucede, nada más.

Cuando la humanidad sea capaz de empezar a mirar hacia dentro (ya está sucediendo por todo el planeta) y cuando empecemos a aprender sobre las emociones, ese problema de una infelicidad y una desesperación y una autodestrucción generalizadas, estará resuelto. Habrá otros problemas, sin duda, porque sin problemas no hay evolución, sin problemas todo es estático, los problemas son vida, la ausencia de problemas es “muerte”, pero el mundo será un lugar muy distinto para vivir y convivir.

¿Por qué hasta ahora no importaba ser un analfabeto emocional? Pues porque el mundo era distinto. Siempre sucede igual, primero aparecen las condiciones externas (problemas) y entonces se genera una necesidad de aprender algo nuevo para adaptarse.

Hace doscientos años el grueso de la población mundial no sabía leer. Eran analfabetos intelectuales. Pero ¿eso les impedía tener una vida feliz y plena? No, porque no lo necesitaban.

Pero el mundo cambió, y el que no sabía leer y escribir lo tenía muy difícil en esta nueva sociedad. Las personas se concienciaron y fue el auge de la educación. Todavía quedaron muchos reticentes, que pensaron que poco podía importar la escuela, que era mejor que sus hijos aprendieran su oficio y ayudaran en casa. Se resistían a ver que el mundo había cambiado.

Pero ahora los cambios se aceleran y el mundo, debido a esa intelectualización generalizada, ha vuelto a cambiar. Las condiciones actuales son muy poco exigentes a nivel físico (el problema de la comida, el abrigo y la salud está resuelto en el primer mundo) y casi todas las personas pueden defenderse bien a nivel intelectual, aunque no hubiera escuelas hay información en todos los rincones, accesible a todas las personas.

Sin embargo, ahora hay un mundo nuevo, lleno de cosas que antes no existían, la bonanza económica trae aparejados nuevos problemas, el desarrollo intelectual implica enfrentar nuevos retos.

¿Hasta ahora una persona necesitaba saber de emociones para tener una vida “normal”? No, no lo necesitaba, porque el mundo era distinto.

Ahora el mundo ha cambiado, y todavía pasarán algunos años hasta que el grueso de la población mundial lo quiera admitir. Ahora dicen “¿qué pasa? Esto no pasaba antes…” ¡Claro! pero no se puede ir hacia atrás, solamente podemos ir hacia delante. No podemos volver a los tiempos de nuestros abuelos, no podemos vivir como si el mundo no fuera lo que es… lo que podemos y debemos hacer es afrontar que hay nuevos problemas, y que estos requieren nuevas soluciones.

Todavía hay psicólogos que NIEGAN la existencia de las emociones. Y es normal, lo es, porque NADIE puede admitir así como así, alegremente, que es un analfabeto.

Pero lo somos, es así, no hay más.

Yo soy analfabeto y vivo rodeado de analfabetos. Pero como nadie quiere admitirlo al final acabo creyendo que el problema lo tengo solo yo.

No, no es así. Nadie (casi nadie) sabe manejar sus emociones, no es feliz, no tiene relaciones de película, su casa no es el remanso de paz de las teleseries americanas. Dejemos ya, de una vez por todas, de creernos las mentiras de otros. ¿No somos capaces de ver que nosotros contamos las mismas mentiras? Que siempre vamos a los conocidos a contar lo bien que estoy con mi marido, lo estupenda que es mi vida… Aunque luego, a veces, a otros les lloremos con nuestros problemas, pero a la mayoría de las personas les mentimos.

No pasa nunca jamás que nos presenten a alguien y le digamos “hola ¿qué tal? Mira, para que me conozcas un poco te diré que tengo problemas de autocontrol, a veces grito a mi pareja y mis hijos, no sé lo que me pasa, siento celos, envidio a los que tienen éxito, me tortura la culpa, soy infeliz”

Nos encontramos a un conocido que hace tiempo que no vemos “¿Qué tal?” nos pregunta…“Muy bien”….

Qué-tal-muy-bien debe ser la expresión más de moda de nuestro tiempo.

Nadie muestra sus emociones, es feo mostrar emociones en público… últimamente parece que es hasta de mal gusto llorar en un funeral… Pero ya no hablamos solamente de mostrar emociones, es que es inaceptable hasta sentirla. Son inaceptables. Si le dices a alguien que estás triste te responderá que salgas por ahí, a pasear, o que “no tienes motivos”, se pondrán a comparte con otros más “desgraciados”, te intentarán hacer ver el montón de cosas positivas que te rodean… Es sorprendente la de cosas que la gente se puede inventar con tal de seguir en esa mentira compartida, en ese mundo de ficción en el que las emociones no existen.

Todos vamos por la vida como si supiéramos mucho de todo, como si en nosotros todo funcionara bien, damos consejos a los demás para que se “comporten” como deben… tenemos consejos para todos, no puede existir un mundo con mayor cantidad de opinólogos. Para todos tenemos soluciones… menos para las cosas que nos pasan a nosotros.

Algo cambia, algo está cambiando, ahora miramos alrededor y vemos gente que ya mira más hacia dentro que hacia fuera, pero queda mucho camino por recorrer, mucho por hacer.

Lo primero es desmontar mentiras, y crear verdades, empezar a decir bien alto: “¡¡yo soy analfabeto!!”

Imaginemos un mundo en el que casi nadie sabe leer, pero está feo confesarlo, así que nadie lo dice, todos vamos por ahí como si todos supiéramos “leer”. Donde pone “frágil” leemos “mesa”, donde pone “veneno” leemos “dulce” ¡qué más da! Y luego nos quejamos de comer veneno, de que la mesa se nos rompió…

Pero la culpa es de la mesa, claro, y de la comida, y del vecino y de la lluvia… pero mía no.

Pero lo peor es que no solamente fingimos saber leer… CREEMOS que sabemos leer.

Eso es lo triste, porque el que sabe que es un analfabeto, ya ha empezado su aprendizaje, y allí, en el punto donde está, ahí empieza su vida y su felicidad.

Pero todos fingen saber leer, incluso ante sí mismos, se sentirían humillados si admitieran que no saben leer, aunque solamente lo admitieran para sí… Porque cada persona cree que los demás sí saben leer, y sería horrible ser “menos” que todos los demás. Así se sienten los deprimidos, los ansiosos, los que pasan crisis vitales. Así se sienten, como enfermos, como locos, como raros…

Admite que no sabes leer y empezarás a aprender. Pero mientras no lo admitas, estás perdido.

Sentimos miedo, ira, dolor, tristeza, celos… y buscamos explicaciones racionales. No podemos sentir, hay que pensar para anular el sentimiento.

Nos decimos “tengo miedo a morir”, “esta persona me hace enfadar”, “ese hecho me ha puesto triste”.

Esa explicación nos permite descartar el sentimiento, cuando hay explicación ya no escuchamos el miedo, ni la ira, ni la tristeza. Ya no escuchamos el mensaje que nos traen las emociones.

Si en lugar de PENSAR una explicación, un origen para las emociones, nos permitimos SENTIR las emociones, entonces nos traerán un conocimiento nuevo de nosotros mismos, mensajes insospechados.

¿Sientes miedo, ira, dolor, tristeza, envidia, celos, culpa, ansiedad, aburrimiento, pereza…? No preguntes por qué, ni tampoco huyas, no te distraigas para no sentirlo. Prueba una vez, prueba a ver qué ocurre. Indaga en esa emoción que sientes.

No conozco a nadie que haya muerto a causa de permitirse sentir su miedo, su ira, su angustia, su tristeza o su dolor.

Nadie muere por sentirlo, si mueres serás el primero, pasarás a la historia.

No huyas, no morirás. Aprenderás.

Todos te han dicho siempre: no sientas ira, no sientas miedo, no tengas celos, no estés triste, aburrirse es malo, no te aburras…

Pero ¿Cómo se hacen esas cosas? ¿Cómo se deja de sentir? No se puede, solamente se puede fingir, inventamos sistemas para fingir que no sentimos nada. Manipulamos nuestra mente para creer que no sentimos ira, que no tenemos miedo ¡MENTIRA! La ira saldrá por otros lados, el miedo nos acosará en otros rincones.

Vemos la tele, salimos por ahí para fingir que no estamos tristes ni aburridos, pero nada cambia, sentimos tristeza y aburrimiento, y creemos que no.

Entonces ¿qué hacemos con lo que sentimos? ¿Por dónde empezamos?

El primer paso para dejar de ser un analfabeto emocional es comenzar a identificar estados de ánimo, sentimientos y emociones. Nombrándolos y distinguiéndolos, comprometiéndonos con una búsqueda sincera. Es muy común que al principio solamente podamos distinguir unos pocos sentimientos, parece que siempre que me siento mal estoy triste o enfadado. Pero debajo de esos hay muchos otros: hay miedos, hay celos, hay odio, hay envidia,…

Lo segundo más importante es comprender que nuestros sentimientos nacen dentro de nosotros, que no son “culpa” de los demás, que nadie los “provoca”. También debemos saber que no es culpa nuestra sentirnos como nos sentimos, que no los podemos controlar, que lo único que podemos hacer con esos sentimientos es aprender a escuchar el mensaje que nos traen.

Por ejemplo una persona que odia a su vecino. Pues es muy importante que sepa que el odio es suyo, propio, que nace dentro de sí mismo, y que el vecino no tiene nada que ver, que los demás no tienen que ser ni comportarse de una determinada manera para que vivamos “tranquilos” y sin sentimientos o emociones fuertes. Esa persona debería aprender de su odio aceptándolo. Nadie le debe decir que no odie al vecino, que “odiar es malo”. Nada de eso, ese odio es un mensaje para esa persona, si aprende a escucharlo le dirá cosas que le harán conocerse mucho mejor y que mejorarán su vida.

Pero en lugar de eso la mayoría de la gente se pasa el día enfadado con el vecino, poniendo la atención en los actos del vecino (que no podemos cambiar y que poco nos va a aportar en nuestro conocimiento) en lugar de poner la atención en su propio odio (que es algo que sí nos va a aportar).

¿Qué hacer con ese odio? OBSERVAR, OBSERVAR Y OBSERVAR.

Y observando cada vez de un modo más profundo, al final llega la comprensión del mensaje que nos traen los sentimientos, y en ese momento, las emociones dejan de ser nuestros enemigos que vencer, para pasar a ser nuestros aliados que consultar.

 

 

 

 

 

 

u